A pesar de los escollos que una sociedad liderada por hombres le puso a lo largo de su camino, la científica rusa Sofia Kovalévskaia, para la cual el aprendizaje lo era todo en su vida, logró gracias a las matemáticas alcanzar no solo la madurez intelectual, sino también la máxima libertad a la que una mujer no podía aspirar en su tiempo: ser investigadora y profesora en la universidad. Fueron largos y arduos años de esfuerzo, pero al final se impuso la evidencia, porque el cerebro de Kovalévskaia fue, sin duda, uno de los más brillantes del siglo XIX.