
La publicación de Un corazón de nadie—primera gran antología bilingüe de Pessoa—nos da la oportunidad de hacer balance, recuento del camino recorrido hasta ahora y que aquí vendría a culminar. Culmina, por una parte, el trabajo que Ángel Campos Pámpano ha llevado a cabo durante 25 años y que le ha convertido en el primer motor actual del intercambio entre las dos culturas: sus traducciones de Pessoa habían ofrecido ya la poesía completa de los heterónimos Reis y Caeiro, a la que se sumaban numerosos libros de poetas contemporáneos—Andrade, Ramos Rosa, Oliveira, Ruy Belo, Al Berto...—; dirige desde hace más de una década la revista bilingüe Espacio/Espaço Escrito y alienta el nuevo proyecto colectivo Hablar /Falar de Poesia; también su obra poética personal ha sabido beber de esta doble fuente. Junto a ello, culmina asimismo una tradición de traductores pessoanos, cuyos centros de fuerza fueron Octavio Paz, José Antonio Llardent y Ángel Crespo, y que Campos Pámpano ha sabido tener en cuenta, tomar como apoyo de su labor: esta versión suya posee la virtud de hacerse transparente, con el punto justo de literalidad, con la versatilidad de tono y ritmo que requiere el múltiple Pessoa, nunca explicativa, ni más ni menos retórica que el original... Poemas que circularán con la fluidez de estar en su lengua. El prólogo, biográfico y atento a reconstruir la recepción del poeta, y algunos textos clave del propio Pessoa, ayudan a situar una antología que se reparte entre los heterónimos Caeiro, Reis y Álvaro de Campos, y el ortónimo Fernando Pessoa, "él mismo". La escritura de Pessoa, dividida como se sabe entre diversos personajes por él creados—con una biografía, una personalidad, un estilo—, parece concretar la definición contemporánea del yo como lugar de cruce: "Viven en nosotros innúmeros;/ si pienso o siento, ignoro/ quién es quien piensa o siente./ Soy tan sólo el lugar/ donde se siente y piensa." Y este fenómeno ha suscitado una fuerte curiosidad por la obra y la persona que lo alimentan: su carácter casi inédito, el baúl legado con 27 mil textos, la coexistencia del vanguardista, el empleado gris, el ocultista e iniciado, la querencia alcohólica de la futura gloria nacional... Todo ello ha inducido una lectura psicologista, en la línea abierta por el propio Pessoa: "El origen de mis heterónimos es el profundo rasgo de histeria que hay en mí", "mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y la simulación".