Stalin desempeñó un papel inigualable en la Segunda Guerra Mundial como líder de la Unión de Repúblicas Soviéticas. Su poder político y militar en la Europa de los años 1940 solo podía ser comparado, tal vez, con el del propio Hitler. Paranoico, cruel y ambicioso, el hombre de acero se resistió a entrar en guerra contra Alemania y solo lo hizo empujado por la invasión nazi de la URSS. Demostró una y otra vez la capacidad de sacrificio y los inagotables recursos de su pueblo, al que llevó al límite antes, durante y después de la guerra.