Al cabo de diez años, la guerra de Troya está en punto muerto. Helenos y troyanos han perdido a sus mejores héroes, agotado sus recursos y cumplido las prescripciones de los oráculos sin que nada sirva para lograr la victoria. Ignoran que, para poner paz en la familia olimpica, Zeus ha prohibido la intervención de los dioses. Comprendiendo los helenos que la fuerza no conseguirá doblegar al enemigo, recurren a la astucia de Ulises, al que encargan que diseñe una estratagema digna de su celebrado ingenio. El relato de la caída de Troya se narra en los poemas que continúan la Ilíada y cierran el ciclo con uno de los motivos más célebres de la cultura occidental: el caballo de Troya.