
Tras ser expulsados de la ciudad de Yolcos, Jasón y Medea se acogen a la protección del rey Creonte de Corinto. En esta ciudad residen durante diez años hasta que un giro del destino da un vuelco drástico a sus vidas. Enfrentada a la ingratitud y la traición de su marido, inmersa en una sociedad patriarcal donde la sumisión y el silencio son la única actitud aceptable en las mujeres, Medea rompe con las leyes impuestas y lleva su venganza hasta extremos inimaginables. De las grandes figuras femeninas de la mitología griega, Medea es la que con mayor intensidad y humanidad representa la pasión, una pasión que abarca el amor más hondo y el odio más intenso y radical.