
"Es un hombre malo que viene a ver a lo niños cuando no quieren dormir, les arroja puñados de arena a los ojos, haciéndolos saltar ensangrentados de sus órbitas; luego se los guarda en una bolsa y se los lleva a la media luna como pasto para sus hijitos, que están sentados en un nido y tienen picos curvos, como las lechuzas, con los cuales parten a picotazos los ojos de los niños que no se han portado bien." Es el tema del arenero, "el hombre de la arena" sobre el que Freud reflexiona en Lo siniestro, desde un material lingüístico cuya sintaxis es coherente con la que Freud va elaborando a partir de otros discursos "anormales".